El tio Robinson
El tio Robinson De este modo la situación de la pequeña colonia mejoraba dÃa a dÃa. La esperanza volvÃa poco a poco al corazón de esta pobre mujer tan cruelmente puesta a prueba. Pero ¿cuánto hacÃa que la familia habÃa sido arrojada a esa costa? Probablemente, ni la señora Clifton, ni Flip, ni ninguno de los hijos habrÃa podido decirlo. Y esa noche, Jack, al preguntar «qué dÃa es hoy» provocó un retorno hacia el pasado.
—¿Qué dÃa? —repitió Flip—. A fe mÃa, me veo obligado a confesar que no lo sé.
—¿Cómo —dijo Robert—, no sabemos cuántos dÃas hace que desembarcamos?
—¡Yo no podrÃa decirlo! —contestó la señora Clifton.
—Yo no sé más que mi madre —agregó Marc.
—Pues bien, yo sà lo sé —dijo la pequeña Belle.
Todos miraron a la niña y vieron que hurgaba en su bolsillo y sacaba unos guijarros que depositó sobre una concha.
—Hijita —le dijo su madre— ¿qué significan esas piedras?
—Mamá —respondió la niña—, desde que llegamos a tierra todos los dÃas he puesto una piedrita en mi bolsillo; sólo hay que contarlas.