El tio Robinson

El tio Robinson

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Marc y Flip, sin dejar de conversar, volvieron al acantilado; traían una docena de calabazas, que podían reemplazar con ventaja a las botellas. Flip las colocó en un rincón de la gruta porque todavía no tenían ni estante ni alacena, y no había división entre habitaciones distintas. No obstante, en el arreglo se reconocía el espíritu metódico de la señora Clifton y habrían podido trazarse en la arena las líneas imaginarias que dividían aquí el comedor; allá el dormitorio; en este lugar el estudio; en este otro la cocina y, sobre todo y en todas partes una limpieza extrema.

La señora Clifton reprimía en su corazón su dolor incesante y se dedicaba con una actividad febril a organizar la pequeña colonia. Esa madre, se podía entenderla, trabajaba no para ella sino para sus queridos hijos. Se hacía fuerte para ellos. No olvidaba, se resignaba. Flip comprendía, al observarla, todo el esfuerzo que era necesario para resistir la desesperación. Sólo él, sin duda, adivinaba lo que esta heroica mujer sufría. Marc también, quizás, porque el valiente hijo a veces le tomaba la mano, la besaba y le decía en voz muy baja:

—¡Coraje, madre, coraje!

Y la señora Clifton, apretando contra su pecho a su adorado Marc —retrato vivo de su padre, cuya fisonomía reproducía ya la inteligente bondad que caracterizaba al ingeniero—, lo cubría de tiernos besos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker