El tio Robinson

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En esa semana Flip, para gran placer de los niños, logró fabricar algunos artefactos de pesca. Había descubierto felizmente una especie de árboles pertenecientes a la familia de las leguminosas, cuyas espinas podían servir de anzuelo. Era una acacia. Separó las agudas espinas, les dio forma curva sobre el fuego y las ató en la punta de un hilo de coco. Cuando hubo obtenido varias líneas de ese tipo las cebó con unos pedacitos de carne y, seguido por los niños y la madre, fue a tirarlas en el borde del lago.

Flip contaba mucho con esta máquina rudimentaria y hay que decir que su confianza no fue defraudada. En las aguas del lago había mucha pesca. Los peces mordieron en gran cantidad y si la mayoría logró desprenderse del anzuelo, algunos, al menos, mediante un tirón en el momento justo, picaron y se dejaron llevar hasta la costa. Marc, muy paciente, consiguió un pez que se parecía a la trucha, y cuyos flancos plateados tenían unas manchitas amarillentas. Aunque la carne de este pescado fuera de un color muy oscuro, resultó excelente asada sobre las brasas. Pescaron otros peces de la misma especie los días siguientes; eran muy voraces y se lanzaban aturdidos a picar el anzuelo. También sacaron una gran cantidad de eperlanos[32] con las que se regalaron los glotones de la colonia.


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