El tio Robinson
El tio Robinson Pero, además, —decía la señora Clifton—, si los rebeldes del Vankouver no querían matar al ingeniero, ¿por qué lo habían separado de su mujer y de sus hijos? ¿Por qué no lo habían depositado con ellos en esa embarcación que habría de llevarlos a tierra?
Flip trataba de decir algo para responder a esta pregunta de la señora Clifton. Pero balbuceaba, no sabía qué decir.
Durante la semana que comenzó el lunes 8 de abril, las reservas alimentarias se incrementaron aún más. Se podía asegurar que nunca el hambre visitaría la pequeña colonia.
Mientras trabajaba, Flip instruía a los niños de una manera práctica; quería que fueran hábiles e ingeniosos como él. Les había prometido arcos y flechas cuando encontrara una madera apropiada para hacerlos; pero, mientras tanto, les enseñó a tender celadas a los pájaros, ya fuera instalando pequeñas trampas apoyadas sobre tres varillas finas dispuestas en forma de 4, ya sea fabricando lazos con la fibra de los cocos. Esos lazos se emplearon incluso con éxito en las conejeras. Los roedores frecuentemente quedaban enganchados en los nudos colgantes de su madriguera. Por otro lado, Flip, aconsejado por la señora Clifton, tenía que domesticar cierta cantidad de roedores y de gallináceas; pero, antes que nada, había que construir un gallinero y, hasta ese momento, el tiempo le había faltado.