El tio Robinson
El tio Robinson Los jóvenes y su compañero entraron bajo el bosque; su marcha se cumplía difícilmente a través de senderos intransitables, interrumpidos por la inextricable red de zarzas y de lianas; había que cortar a cada instante estas plantas parásitas. Los pájaros atemorizados huían en la sombra. Algunos cuadrúpedos, perturbados en sus guaridas, se escapaban a través de los matorrales. No se podía saber qué eran, menos aún alcanzarlos, para gran desilusión de Robert.
Marcharon una media hora. Marc, que iba adelante, se detuvo de pronto y lanzó una exclamación de sorpresa:
—¿Qué hay, señor Marc? —preguntó Flip corriendo hacia el muchacho.
—El río, amigo Flip.
—¿Ya? —exclamó, sorprendido, el marino.
—¡Mire! —respondió Marc.