El tio Robinson

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Capítulo 12

La situación era terrible. ¡Una ráfaga había bastado para comprometer el futuro de la desafortunada familia! Sin fuego ¿qué sería de la pequeña colonia? ¿Cómo preparar los alimentos necesarios para su existencia? ¿Cómo resistir a los fríos rigurosos del invierno? ¿Cómo protegerse incluso de los animales salvajes durante la noche? En todo eso pensaba el pobre Flip y, pese a su fuerza moral, se sentía aniquilado. Se había quedado allí, inmóvil, mudo, con su ropa cubierta de barro y empapada por la lluvia. Su mirada vaga se perdía en las sombras.

En cuanto al pobre Marc, su desesperación era indescriptible. Lloraba.

—¡Perdónenme! ¡Perdónenme! —murmuraba.

Flip le había tomado las manos y las apretaba entre las suyas, pero no encontraba una sola palabra para consolarlo.

—¡Mi madre! ¡Mi pobre madre! —repetía.

—No la despertemos, mi querido señor —le dijo el marino—. ¡Duerme! Los niños también duermen. ¡No los despertemos! Mañana trataremos de reparar la desgracia.

—¡Es irreparable! —murmuró, con el pecho oprimido, reteniendo los sollozos.

—¡No… —respondió Flip—, no… Ya veremos!


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