El tio Robinson
El tio Robinson —Flip, amigo mÃo —le dijo con voz suave y calma—, durante los primeros dÃas después de nuestra llegada a este sitio, cuando yo estaba desesperada, cuando iba a sucumbir a mi dolor, ¡usted vino hacia mà y me levantó con sus palabras! ¡Usted me señaló a mis cuatro hijos y me hizo ver que mi responsabilidad era vivir por ellos! ¡Y bien! Hoy, cuando usted ya me hizo fuerte, ¿no es mi deber ayudarlo a mi vez a levantarse y hacerle escuchar las mismas palabras que usted utilizó para conmigo y decirle: amigo Flip?, ¡no hay que desesperarse!
El noble marino, al escuchar a esta mujer, esta madre, expresarse de ese modo, sintió que los sollozos lo ahogaban. QuerÃa responder pero no podÃa.
La señora Clifton, al ver los esfuerzos que hacÃa para dominarse, le hablaba a media voz, diciéndole palabras de aliento. Le reiteró que sus hijos y ella sólo tenÃan esperanza en él y agregó que si él se abandonaba a la desesperación, todo habrÃa terminado para ellos. ¡Estaban perdidos!