El tio Robinson
El tio Robinson Su mujer, Elisa Clifton tenía alguna aprensión a viajar en ese barco repleto de canacos; pero no quiso contrariar a su marido, que tenía prisa por volver a los Estados Unidos. La travesía, por otro lado, no sería larga, y el capitán del Vankouver estaba habituado a esta clase de viajes, lo cual tranquilizaba a la señora Clifton. Su marido y ella embarcaron por consiguiente en el Vankouver con sus tres hijos varones Marc, Robert y Jack, su hija menor Belle y su perro Fido.
El capitán Harrisson, comandante de la nave, era un buen marino, muy experto en navegación, gran conocedor de esos mares del océano Pacífico que no eran, por otro lado, demasiado peligrosos. Ligado por amistad al ingeniero, puso todos los medios a su alcance para que la familia Clifton no tuviera que padecer el contacto con los canacos, que habían sido alojados en la entrecubierta.
La tripulación del Vankouver se componía de una decena de marineros que no estaban relacionados entre sí por ningún vínculo de nacionalidad. Inconveniente difícil de evitar en la composición de esas tripulaciones reclutadas en países lejanos. De ahí que siempre haya un fermento de discordia que perturba a menudo las travesías. En esta tripulación y en este barco, se contaban dos irlandeses, tres americanos, un francés, un maltés, dos chinos y tres negros enganchados para el servicio de a bordo.