El tio Robinson
El tio Robinson Flip continuó seduciendo todavía una larga hora a su auditorio; la pintura que hizo de esa región, las ventajas indiscutibles que ofrecía, los proyectos tan fácilmente factibles con que el marino entretuvo al ingeniero, todo eso les habría dado el deseo de emigrar a esa tierra de privilegio.
—¡Seremos los Robinson del Pacífico! —dijo Marc.
—Sí, señor —afirmó Flip.
—¡Bueno! —dijo Jack—. Y yo que siempre había soñado vivir en una isla con la familia del Robinson suizo.
—Y bien, señor Jack, ¡lo ha logrado usted plenamente!