El tio Robinson
El tio Robinson —¡Prended a este hombre! —ordenó Bob Gordon a los marineros amotinados señalando al capitán.
Pero Harrisson, adelantándose un paso, sacó una pistola de su bolsillo y, apuntándole, disparó.
Bob Gordon se hizo a un lado y la bala fue a incrustrarse en la pared.
El disparo dio la señal para una rebelión generalizada. Los canacos, excitados por el segundo, se precipitaron sobre el pequeño grupo que rodeaba al capitán. Se produjo una terrible refriega sobre cuyo desenlace no podÃa haber dudas: la señora Clifton, aterrorizada, se precipitó con sus hijos fuera de la toldilla; los marineros ingleses y americanos fueron apresados y desarmados. Cuando el grupo se dispersó, un cuerpo se desplomó sobre la cubierta. Era el capitán Harrisson herido mortalmente por el maltés.
Harry Clifton quiso lanzarse contra el segundo, pero éste lo hizo sujetar firmemente y ordenó que lo encerraran en su camarote con su perro Fido.
—¡Harry! ¡Harry! —gritó la señora Clifton y las súplicas de sus hijos se unieron a las suyas.
Harry Clifton no podÃa resistir. Hay que figurarse la desesperación que sentÃa cuando pensaba que sus hijos iban a quedar librados a esa banda de furiosos… Unos minutos después era encarcelado en su camarote.