El tio Robinson
El tio Robinson El capitán Harrisson, seguido del ingeniero, descendió de inmediato sobre la cubierta y fue rodeado por los marineros de la tripulación que le eran fieles.
A diez pasos de él, sobre la parte delantera del palo mayor, se detuvo el grupo de los canacos rebeldes que no dejaba de crecer. La mayorÃa estaba armada de barras, pasadores, cabillas, todos elementos del barco saqueados de la cocina. BlandÃan estas armas y vociferaban en su idioma gritos espantosos a los que se mezclaban los gritos de los malteses y de los negros. Estos canacos querÃan nada menos que apoderarse del barco y el motÃn era el resultado de las maquinaciones del segundo de a bordo, que querÃa convertir el Vankouver en un barco pirata.
El capitán Harrisson resolvió acabar con este miserable.
—¿Dónde está el segundo? —preguntó. No le respondieron.
—¿Dónde está Bob Gordon? —repitió.
Un hombre salió del grupo de los revoltosos. Era Bob Gordon.
—¿Por qué no está junto a su capitán? —le preguntó Harrisson.
—¡No hay otro capitán a bordo más que yo! —contestó insolentemente el segundo.
—¡Usted! ¡Miserable! —exclamó Harrisson.