El tio Robinson
El tio Robinson El tío recogió entonces sólo una docena. Luego Clifton y él regresaron al bote. Izaron la vela y una hora después la embarcación atracaba al pie del acantilado. Las ostras fueron depositadas en el parque y los huevos llevados a la madre, que se encargó de acomodarlos para la comida del mediodía.
Después de comer, el tío quiso tratar con el señor Clifton la cuestión de las armas. No podían estar cazando a pedradas o a bastonazos. El procedimiento en verdad era muy primario, poco ofensivo y ciertamente poco defensivo. A falta de armas de fuego, los arcos, bien construidos, constituirían un arma temible. El tío decidió fabricarlos.