El tio Robinson
El tio Robinson —Son bondadosos anfibios —respondió el tÃo—, que nos traen abrigos, sacos, hopalandas.
—Sà —respondió el señor Clifton—, es una tropa de focas.
—Sin duda —replicó el tÃo—, y tenemos que apoderarnos de ellas a cualquier precio. Pero seamos astutos porque sólo con maña podremos acercarnos a ellas.
En consecuencia, habÃa que dejar que estos animales vinieran a tierra. En efecto, con las ancas estrechas, el pelo corto y tupido contra el pecho, conformación fusiforme, estas focas son excelentes nadadoras, pero su marcha sobre el suelo es muy imperfecta. Con sus patas cortas y palmeadas, verdaderos remos, sólo pueden arrastrarse.
El tÃo conocÃa los hábitos de estos anfibios. SabÃa que, una vez en tierra, tendidos bajo los rayos del sol, muy pronto se dormirÃan. Cada cual esperaba por lo tanto con paciencia, hasta el impaciente Roben, y un cuarto de hora después, una media docena de esos mamÃferos marinos, acostados en la arena, dormÃan un sueño profundo.