El tio Robinson
El tio Robinson —Vayamos del lado de la montaña —respondió el impaciente Robert, señalando el pico que se levantaba al norte del punto de desembarco.
—Hijos mÃos —dijo la señora Clifton—, antes de emprender esta nueva excursión, tengo una proposición que hacerles.
—¿Cuál, madre? —preguntó Jack—. La de almorzar.
La proposición fue aceptada sin discusión. Retiraron las provisiones del bote. A la carne frÃa agregaron los yuambúes. Encendieron un fuego con leña seca, y esa caza menor, ensartada en una varilla, pronto comenzó a dorarse en una llama chisporroteante.
La comida no se prolongó demasiado. TenÃan prisa por seguir más adelante. Clifton y el tÃo observaron atentamente los lugares para no extraviarse al regreso. De todas maneras, no podÃan errar el curso de agua que los habÃa llevado hasta ese lugar.