El tio Robinson
El tio Robinson —No —respondió el padre— para hacer pólvora, porque si buscamos bien terminaremos por encontrar salitre.
—¿En serio, padre? —preguntó Marc—. ¿Fabricarás pólvora?
—No les prometo pólvora de primera calidad, pero sà una sustancia que nos servirá para muchas cosas.
—Entonces no te faltará más que una cosa —dijo la señora Clifton.
—¿Cuál, mi querida Elisa? —preguntó el ingeniero.
—Armas de fuego, amigo mÃo.
—¡Eh! ¿No tenemos la pistola de Robert?
—¡SÃ! —gritó el ruidoso y alborotado Robert, profiriendo hurras que parecÃan detonaciones.
—Un poco de calma, Robert —dijo el señor Clifton—, y sigamos ahora nuestra ascensión. De regreso haremos nuestra provisión de azufre.