El tio Robinson
El tio Robinson La familia habÃa hecho un alto para observar mejor esa tierra y ese océano que se extendÃan ante sus ojos.
—¡Y bien, señor ingeniero, qué piensa de todo esto! —dijo el tÃo—. ¿Qué piensa usted? ¿Estamos en una isla o somos un continente?
—No sabrÃa terciar, mi noble compañero —respondió Clifton—, pues mis miradas no pueden atravesar esa montaña que nos oculta la parte oriental de la tierra. Hemos subido no más de trescientos metros sobre el nivel del mar. Tratemos de ascender una distancia equivalente para llegar a la meseta donde nace el pico. Tal vez podamos rodearlo para observar todo el este de la costa.
—Me temo —dijo el tÃo— que esta segunda parte de la ascensión sea un poco fatigosa para la señora Clifton y los niños.
—En este lugar —afirmó la madre—, no tenemos que temer ningún ataque y yo puedo esperar con Jack y Belle a que regresen.
—En efecto, mi querida —respondió Clifton—, creo que ni los hombres ni los animales son de temer en este sitio.
—Además, ¿no tengo a Jack para defenderme? —dijo sonriendo la señora Clifton.