El tio Robinson

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Mientras el tío se ocupaba de fabricar estos artículos de cocina, Clifton, a veces con Marc, otras con Robert, hizo excursiones en un radio de una legua alrededor de la gruta. Así visitó la marisma, abundante en caza, la conejera que le pareció una reserva inagotable, el banco de ostras cuyos valiosos bienes fueron dirigidos hacia el parque. No dejaba de buscar alguna criptógama[49] que pudiera servir de yesca, pero aún no la había encontrado. Por esa época el azar le permitió satisfacer uno de los más fuertes deseos de la señora Clifton. La madre no cesaba de reclamar jabón para lavar. Clifton tenía la intención de fabricarlo tratando los cuerpos grasos, aceite o grasa, mediante la soda que producía la incineración de las plantas marinas, pero la operación era larga, y pudo prescindir de ella gracias al descubrimiento de un árbol de la familia de las sapindáceas, el jabonero, cuyos frutos hacen abundante espuma en el agua y que pueden reemplazar el jabón común. El ingeniero conocía las propiedades de estos frutos que les permitirían lavar tanta ropa como lo haría sesenta veces su peso en jabón. Puso a disposición de la madre una cantidad de estos vegetales y ella los utilizó de inmediato con buen resultado.




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