El tio Robinson
El tio Robinson Harry Clifton habrÃa querido también conseguir si no azúcar de caña, que sólo se encuentra en los productos tropicales, al menos alguna sustancia análoga proveniente del arce o de cualquier otro árbol sacarÃfero[50], y ése fue el objeto de sus asiduas búsquedas en las partes boscosas de la isla.
En una de estas excursiones que hizo en compañÃa de Marc, Clifton encontró un producto vegetal cuyo hallazgo le produjo una gran alegrÃa, pues habrÃa de permitirle satisfacer el único deseo del tÃo Robinson.
El 22 de junio Marc y él exploraron la margen derecha del rÃo en toda la porción boscosa que la limitaba al norte. Marc corrÃa a través de los pastizales cuando le sorprendió el olor que exhalaban unos vegetales de tallo recto, cilÃndrico y ramoso en la parte superior; estas plantas muy glutinosas daban flores dispuestas en racimo y semillas muy pequeñas. Marc arrancó dos o tres tallos, volvió a donde estaba su padre y le preguntó qué era esa planta.
—¿Y dónde la encontraste? —dijo el padre.
—AllÃ, en el claro —respondió Marc—, crecen abundantemente. Tengo la impresión de que las conozco, pero…
—Pues bien, hijo mÃo, has hecho un descubrimiento muy importante. Ya no le faltará nada al tÃo para ser feliz.
—¡Es tabaco! —exclamó Marc.