El tio Robinson

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Recordemos que los viajeros habían traído de la primera excursión cierta cantidad de azufre recogido en la sulfatera. La intención del ingeniero era fabricar una pólvora de cañón más o menos perfecta, si el azar le hacía descubrir el salitre. Pues bien, el 20 de julio, exploraba las cavidades del acantilado del norte cuando encontró una especie de gruta húmeda con las paredes cubiertas de eflorescencias salinas de azoato de potasio. Este azoato natural era el nitro o salitre. Con el tiempo esa sal afloraba en la superficie del granito por capilaridad.

Clifton comunicó su descubrimiento al tío y le anunció su propósito de fabricar pólvora.

—No obtendré una pólvora perfecta —agregó—, porque al no poder desprender mediante refinamiento las materias extrañas que encierra, tendré que utilizarlo en su estado natural; pero tal como está, si fuera necesario, esta pólvora podrá servirnos para excavar la roca o hacerla saltar.

—Perfecto, señor —respondió el tío— así podremos agrandarnos y construir depósitos alrededor de la gruta.

—Además —prosiguió Clifton—, esa sal de nitro nos servirá para cubrir de salitre el suelo del patio. Con una mezcla de salitre y bien apisonado, será más duro e impenetrable para la lluvia.


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