El tio Robinson
El tio Robinson Atravesaron el río. El tío y Clifton desembarcaron. El mono hizo lo propio después de ellos, que siguieron el camino hacia la gruta. El mono los seguía. Contornearon la costa septentrional del lago, franquearon la cortina de cocoteros, marcharon a lo largo del acantilado, el mono no los abandonaba. Por fin llegaron a la empalizada, abrieron la puerta y la cerraron rápido tras de ellos.
La noche ya había caído, una noche que unas nubes espesas hacía más oscura. ¿El mono seguía allí? Sí, porque en varias ocasiones un grito extraño se dejó escuchar y perturbó el silencio de la profunda oscuridad.