El tio Robinson

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Capítulo 23

Durante la cena Clifton contó a su mujer y a sus hijos las diversas peripecias que habían sucedido en la excursión, y se pusieron de acuerdo en que dejarían para el día siguiente la solución del problema. Todos se levantaron temprano. Los niños fueron de inmediato a mirar a través de los intersticios de la empalizada. Sus exclamaciones atrajeron a Clifton y al tío Robinson.

El orangután seguía allí. Ora apoyado contra un tronco de árbol con los brazos cruzados, examinaba, por así decirlo, el espacio cercado. Ora avanzaba contra la puerta, la sacudía con mano vigorosa y, al no poder abrirla, regresaba a su puesto de observación.

La familia entera lo examinaba detrás de las estacas.

—¡Qué hermoso mono! —exclamó Jack.

—Sí —asintió Belle—, qué linda cara tiene. Ya no hace demasiadas muecas, no le tendré más miedo.

—Pero ¿qué vamos a hacer? —preguntó la señora Clifton—. No puede estar todo del día de plantón frente a la puerta.

—¿Y si lo adoptáramos? —dijo el tío.

—¿Le parece, amigo mío? —preguntó la señora Clifton.


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