El tio Robinson
El tio Robinson Flip saltó sobre la ribera y Marc y Robert lo siguieron; los tres sirgaron[19] el bote sobre la arena. El mar ya habÃa comenzado a bajar y la embarcación pronto estarÃa en seco.
Flip tomó a los dos niños en sus brazos y los depositó sobre la arena, después ayudó a la señora Clifton a descender del bote. ¡El noble marino no podÃa disimular la alegrÃa de pisar tierra firme!
—Todo va bien, señora —repetÃa—, todo va bien. ¡No tenemos más que instalarnos!
El lugar de desembarco al que los habÃa conducido el azar estaba situado sobre la margen izquierda de un rÃo que tenÃa cien pies[20] de ancho en ese sitio. La franja de arena era bastante estrecha: no medÃa más de veinticinco pies. Se extendÃa entre el curso del rÃo y una alta muralla de granito. Esta muralla custodiaba la orilla derecha del rÃo y era la continuación hacia adentro del enorme acantilado cuya altura habÃa disminuido poco a poco, pero que en el lugar del desembarco sobrepasaba los cien pies. Era imponente y casi recta en algunos lugares. Imposible escalarla, en consecuencia, por esa cara, lo cual contrariaba a Flip. HabrÃa querido observar la comarca circundante desde lo alto de ese acantilado. Pero no era posible.