El tio Robinson

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Capítulo 8

Ningún incidente digno de mención se había producido durante la ausencia de Flip. El fuego había sido cuidadosamente mantenido. Marc había renovado la reserva de huevos y de mejillones, y con el carpincho y las docenas de currucas que había traído Flip la cuestión de los comestibles estaba resuelta por algún tiempo.

Antes de hacer el relato de su excursión, el marino quiso ocuparse de la cocina, operación urgente pues el apetito de los cazadores se había agudizado vivamente. Se resolvió guardar las currucas para el día siguiente y atacar el carpincho, verdadera pieza de resistencia.

Pero había que destazarlo. Flip se encargó de la faena en su calidad de marino, es decir de «hombre universal». Desolló al roedor con una notable habilidad y obtuvo un costillar soberbio cuyas costeletas, separadas, se asarían sobre las brasas. Simultáneamente, los mejillones se cocinaban en el hervidor y los huevos sobre la ceniza. La cena se presentaba bastante prometedora. En cuanto al resto del carpincho, las patas fueron destinadas a ser jamones. Al día siguiente, a primera hora, la señora Clifton tendría a su cargo la operación de ahumarlos con madera verde.


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