El Volcán de oro
El Volcán de oro Y después, mientras que él regresaba a su camarote con su compañero Malone, la religiosa se acercó a Summy Skim:
—Caballero, le doy las gracias —dijo—. ¡Pero ese hombre no sabĂa lo que hacĂa, y tiene que perdonarlo como yo lo perdono!