El Volcán de oro
El Volcán de oro —Conocemos a las hermanas de la Misericordia —declaró Raddle—. Y sabemos cuáles son los servicios que han rendido y que rinden sin cesar en el mundo entero.
—Además —añadió Summy Skim—, nuestras compatriotas pueden disponer de nosotros si somos lo bastante afortunados para poder prestarles algún servicio.
—Se lo agradecemos mucho, messieurs —respondió sor Madeleine—, pero espero que podamos unirnos a la caravana que se dispone a salir hacia Klondike.
—¿Ustedes van a Dawson City, messieurs? —preguntó sor Marta.
—En efecto —respondió Summy Skim—. ¿Para qué hubiéramos venido hasta Scagway si no fuera para subir hasta Dawson City?
—¿Tienen ustedes la intención de permanecer allà durante toda la estación? —dijo sor Madeleine.
—¡Oh, no! —exclamó Summy Skim—. Solamente el tiempo de liquidar el asunto que nos llama allÃ, y eso puede ser cuestión de algunos dÃas. Pero en fin, ya que vamos a tomar la ruta de Klondike, hermanas, en el caso de que no puedan ponerse de acuerdo con esa caravana, estamos a su disposición.
—Se lo agradecemos mucho, messieurs —respondió sor Marta—. Pase lo que pase nos volveremos a encontrar en Dawson City, donde nuestra superiora se sentirá feliz de recibir a unos compatriotas.