El Volcán de oro
El Volcán de oro —Es la siguiente —prosiguió Summy Skim—. Se trata de las dos religiosas que desembarcaron al mismo tiempo que nosotros en Scagway. Las he vuelto a ver y me han dado mucha pena. No han podido llegar a un acuerdo con la otra caravana, que por otra parte no les convenÃa en absoluto, y ya no saben cómo hacer para llegar a Klondike. Pues bien, ¿por qué no les proponemos que vengan con nosotros bajo la dirección del Explorador?
—Es muy buena idea —respondió sin titubeos Ben Raddle.
—Sin duda, Ben, habrá algunos gastos suplementarios de transporte y alimentación.
—Los tomaremos a nuestro cargo, Summy, por supuesto. Únicamente, ¿tú crees que las hermanas aceptarán?
—Cómo no, Ben, que unas canadienses viajen con unos canadienses, ¿no te parece lo más indicado?
—Entendido. Vete a ver a sor Marta y a sor Madeleine, Summy, y que estén preparadas.
—¡Ah! ¡Esas buenas almas estarÃan listas para partir en una hora!