El Volcán de oro
El Volcán de oro Ciertamente, la mejor circunstancia para las dos religiosas era realizar el viaje bajo la protección de sus compatriotas. No se encontrarÃan expuestas a la promiscuidad de las caravanas formadas por tanta gente sin referencias, llegada de todas las partes del mundo. No les faltarÃa ninguna atención y ninguna ayuda si llegaban a necesitarla en aquella larga ruta.
Por lo tanto, aquel mismo dÃa, Summy Skim y Ben Raddle se presentaron ante las dos hermanas, que estaban buscando en vano el medio de conseguir alguna forma de transporte hacia Klondike. Sor Marta y sor Madeleine aceptaron con profunda emoción la propuesta que les hacÃan, y quisieron expresar todo su agradecimiento.
—No son ustedes las que tienen que agradecerlo, hermanas —dijo Summy Skim—. Lo tendrÃan que agradecer todos aquellos pobres enfermos que las están esperando y que tanto necesitan sus cuidados.