El Volcán de oro
El Volcán de oro Por añadidura, y como bien sabemos, Ben Raddle conocía a fondo la historia del distrito; se había puesto al corriente de todos los descubrimientos desde hacía años. Sabía cuál había sido la progresión constante del rendimiento de los placeres y los golpes de suerte que se habían producido. No cabía la menor duda de que había venido a Klondike para tomar posesión de la parcela de Forty Miles Creek, estimar su valor y venderla al mejor precio. Pero Sum my Skim se daba perfecta cuenta de que Ben Raddle, a medida que se iban acercando a Dawson City, se interesaba más de lo que él hubiera deseado en los trabajos de los mineros, y temía que sintiera la tentación de participar en ellos. Lo cierto es que él se opondría y no dejaría que su primo se aventurase en tales empresas, ni permitiría que se instalara en aquel país de oro y de miseria.
En aquella época, el distrito contaba más de ocho mil parcelas numeradas desde la desembocadura de los afluentes y de los subafluentes del Yukón hasta sus fuentes. Los lotes eran de quinientos pies cuadrados o de doscientos cincuenta después de la modificación introducida por la ley de 1896.