El Volcán de oro
El Volcán de oro Hay que señalar que el entusiasmo de los buscadores y la preferencia de los sindicatos se centraban siempre en los yacimientos del Bonanza y de sus tributarios, así como en las montañas de altura media de la orilla izquierda. ¿No fue acaso en aquel suelo privilegiado donde George MacCormack vendió varias parcelas de veinticuatro pies de longitud por catorce de anchura, de las que se extrajeron pepitas por valor de ocho mil dólares, es decir cuarenta mil francos, en menos de tres meses?
¿O no es verdad que la riqueza del Eldorado es tal que, según el catastro de Ogilvia, la media de rendimiento de cada batea de lavado oscila entre veinticinco y treinta francos? De donde se puede deducir la conclusión lógica de que, si como todo lo da a entender la veta tiene treinta pies de anchura, quinientos de longitud y cinco de espesor, producirá hasta veinte millones de francos.
Así pues, desde aquella época, las sociedades y sindicatos intentaban adquirir parcelas y se las disputaban a los más altos precios. Es difícil incluso prever hasta qué valor subirán las ofertas en el caso de aquellos placeres en los que las bateas recogen entre mil quinientos y cuatro mil francos de oro purísimo, cuyo valor en el mercado de Dawson City es de quince a dieciséis dólares la onza.