El Volcán de oro
El Volcán de oro —¿Tiene usted quizá la intención de explotar la parcela 129 por su cuenta, monsieur Raddle?
—Quizá, por lo menos en tanto que no la hayamos vendido por su justo precio.
—Eso le permitirÃa, en efecto, apreciar mejor su valor, y ser más exigente frente a los sindicatos que se propusieran comprarla.
—Además, ¿qué hacer aquà hasta que la cuestión de la frontera no se haya resuelto de un modo u otro? —dijo Ben Raddle.
—Justamente —respondió el capataz—. En suma, el que sea americana o canadiense, la parcela 129 no valdrá por eso menos de lo que vale, y siempre he sido de la opinión de que todas las parcelas de los afluentes de la izquierda del Yukón no son inferiores a los de la orilla derecha. Sabe usted, monsieur Raddle, se puede hacer fortuna tan rápido en el rÃo Sixty Miles o en el Forty Miles Creek como en el rÃo Bonanza o en el Eldorado.
—Me acordaré de eso, Lorique —respondió Ben Raddle, muy satisfecho con aquellas respuestas que tan bien coincidÃan con sus propios deseos.
Y como si hubiera comprendido que se podÃa presentar una última eventualidad al espÃritu del ingeniero, añadió: