El Volcán de oro
El Volcán de oro Aquel mismo dÃa Ben Raddle se puso al corriente de los negocios de su tÃo. Entonces se enteró de que Josias Lacoste habÃa fallecido en Dawson City, dejando por toda fortuna la parcela 129 de Forty Miles Creek, en el territorio de Klondike.
Aquel nombre, de tanta resonancia en aquel tiempo, no podÃa dejar de excitar los instintos de un ingeniero. Por supuesto, ser heredero de un yacimiento aurÃfero no podÃa dejar a Ben Raddle tan indiferente como a Summy Skim, y quizá vio en ello un negocio, que en lugar de liquidar, no harÃan mal en proseguir, contrariamente al punto de vista de su primo.
Sin embargo, Ben Raddle no quiso decir todavÃa nada. Con su costumbre de estudiar seriamente las cosas, decidió reflexionar antes de pronunciarse. Por otro lado, parece ser que le bastaron veinticuatro horas para sopesar el pro y el contra de la situación, porque a la mañana siguiente, desayunando con Summy Skim, que le encontró singularmente absorto, dijo:
—¿Y si habláramos un poco de Klondike?
—Ya que se trata de hablar sólo un poco, hablemos de ello, mi querido Ben.
—Un poco… o a lo mejor mucho, Summy.
—Dime lo que tengas que decirme, Ben.
—¿No te ha comunicado el notario los tÃtulos de propiedad de esa parcela 129?