El Volcán de oro
El Volcán de oro Por otro lado, era raro que regresara con las manos vacías, no solamente debido a su talento como cazador, sino porque los animales de pelo y de pluma eran abundantes en las praderas y barrancos vecinos. Los alces y caribús se encontraban con frecuencia bosques arriba, a lo largo de la curva que formaba el Yukón en su curso hacia el oeste. En cuanto a las becadas, las perdices de las nieves y los patos, pululaban en la superficie de los pantanos a ambos lados del Forty Miles Creek. Summy Skim se consolaba de su prolongada estancia, no sin añorar sus cacerías en la campiña de los alrededores de Green Valley.
Hay que subrayar que, durante la primera quincena del mes de julio, el lavado dio mejores resultados en la parcela 129. El capataz había dado al fin con un filón aurífero que se iba haciendo más rico a medida que se acercaba a la frontera. Las bateas y los rockers producían una suma importante en pepitas de oro. Aunque no se hubiera recogido aún ninguna pepita de gran valor, el rendimiento de aquella quincena no fue inferior a diecisiete mil francos. Eso justificaba las opiniones de Lorique y tenía como efecto azuzar la ambición de Ben Raddle.