El Volcán de oro
El Volcán de oro Durante la tercera semana de julio, la explotación siguió siendo bastante fructuosa, sin que Ben Raddle, ni Lorique, ni sus hombres, recogieran en ningún momento una de esas pepitas que han dado la fama a los rÃos Bonanza y Eldorado. Pero finalmente los beneficios eran muy superiores a los gastos, y no resultaba imposible que la campaña no acabara dando un beneficio de unos cien mil francos. Por lo tanto, podrÃan mantener alto el precio de la parcela 129 cuando se presentaran los compradores.
Fuera como fuese, Summy Skim no tenÃa motivos serios para quejarse, y, en suma, no se quejarÃa si Ben Raddle y él pudieran dejar Klondike antes de la llegada de la mala estación. Pero ello no dependÃa únicamente de su voluntad, y eso era lo que le hacÃa rabiar. No podÃa irse de la región sin haber vendido la parcela 129, y para eso, la cuestión de la frontera tenÃa que haber sido resuelta. Pero los dÃas y las semanas iban pasando y no parecÃa que la operación llegara a su término de forma que los comisarios acabaran por ponerse de acuerdo.
Entonces, solÃa suceder que Summy Skim exclamara, no sin fundamento:
—No veo por qué, Ben, tenemos que vernos obligados a quedarnos aquà mientras no se haya fijado la posición de ese meridiano ciento cuarenta y uno, ¡que se lo lleve el diablo!