El Volcán de oro
El Volcán de oro —No, únicamente de la razón. Deme ese telegrama, notario Snubbin. Se lo voy a comunicar a Summy y no se acabará el dÃa sin que hayamos tomado una decisión.
—¿Conforme a su deseo?
—Asà es, notario Snubbin, y tendremos que ponerlo en ejecución en el plazo más breve.
Como se puede apreciar, Ben Raddle hablaba en serio, y pensara lo que pensara el notario, Ben Raddle no dudaba de que llegarÃa a convencer a Summy Skim de aquel proyecto de viaje.
Después de abandonar el bufete, tomó el caminó más corto, llegó a la casa de la calle Jacques-Cartier y subió enseguida a la habitación de su primo.
—Bien —preguntó éste—. Vienes de ver al notario Snubbin. ¿Hay alguna novedad?
—¿Alguna novedad? SÃ, Summy, y también noticias.
—¿Buenas?
—Excelentes.
—¿Has examinado los tÃtulos de propiedad?
—Están en regla, como esperábamos. En tanto que herederos de nuestro tÃo, somos propietarios de la parcela de Forty Miles Creek.
—¡Pues sà que con eso vamos a incrementar nuestra fortuna! —respondió riendo Summy Skim.
—Es probable —declaró el ingeniero—. Sin duda más de lo que piensas.