El Volcán de oro
El Volcán de oro VeintitrĂ©s dĂas despuĂ©s de su salida de Dawson City, la caravana cruzĂł el CĂrculo Polar con fecha del 29 de mayo, un poco más allá del paralelo sesenta y seis. NingĂşn incidente habĂa marcado aquella primera parte del recorrido durante más o menos ciento veinticinco leguas. Ni siquiera se habĂan tropezado con ninguna de las bandas de indios que los agentes de la CompañĂa de la bahĂa del Hudson todavĂa persiguen por aquellos territorios, expulsándolos hacia el oeste.
El tiempo habĂa sido generalmente bueno, y la salud de los hombres tambiĂ©n. Aquella gente vigorosa, habituada a la fatiga, no tenĂa nada que temer de un viaje efectuado en aquellas condiciones y en aquella Ă©poca del año, incluso en aquellas latitudes bastante altas. Los animales de tiro encontraban fácilmente de quĂ© alimentarse en las verdes praderas. En cuanto a los campamentos nocturnos, siempre se encontraba manera de instalarlos junto a algĂşn rĂo limpio, en las lindes de algĂşn bosque de abedules, de álamos o de pinos que se sucedĂan en direcciĂłn nordeste hasta perderse de vista.
Por lo demás, el aspecto de la región empezaba a modificarse. En el horizonte oriental se perfilaba la cresta de las Montañas Rocosas. En aquella parte de Norteamérica surgen las primeras estribaciones de la cadena, que se prolongan a continuación a lo largo del Nuevo Continente.