El Volcán de oro
El Volcán de oro Allí se encontraban las fuentes de uno de los primeros tributarios del río Porcupine, que el Explorador no vio necesario seguir, porque su dirección le hubiera llevado demasiado lejos hacia el oeste. Pero como el terreno se iba haciendo cada vez más irregular, tanto a causa de la red de torrentes como de las ondulaciones en las laderas de las montañas, se aventuró directamente por los desfiladeros de la sierra, poco considerables al comienzo en aquella parte del alto Dominio, de forma que pudo alcanzar el curso del río Peel, que pasa al pie de Fort Macpherson, de lo cual quizá hubiera ocasión de aprovecharse.
Además, en aquel límite del Círculo Polar, Bill Stell y sus compañeros se encontraban todavía a un centenar de leguas del fuerte, situado casi en los comienzos de la sierra. La marcha se hizo bastante dura, y sin el extremo cuidado que ponía Neluto, los ejes y las ruedas de la tartana se hubieran roto en varias ocasiones. Bill Stell sabía a qué atenerse, y no se esperaba que la ruta estuviera trazada, ni que las carretas de la Compañía de la bahía del Hudson hubieran allanado el terreno.
—Pero la ruta no me pareció tan mala cuando la recorrí hace unos veinte años —declaró un día mientras la caravana pasaba por un estrecho desfiladero.
—Sin embargo, no ha debido cambiar desde entonces —observó Summy Skim.