El Volcán de oro
El Volcán de oro En primer lugar, se presentó la ocasión de decidir si construirÃan una balsa para bajar por aquel rÃo hasta Fort Macpherson. Pero Bill Stell reconoció que su curso no era navegable. TodavÃa lo obstaculizaban los últimos témpanos del deshielo. Construir una balsa lo bastante grande como para transportar al personal y al material de la caravana hubiera exigido cierto tiempo, y hubiera sido difÃcil guiarla en medio de los hielos a la deriva. Por lo tanto, las treinta leguas que quedaban por recorrer las harÃan siguiendo la orilla del rÃo Peel, cuyas márgenes no presentaban grandes dificultades.
—Lo que haremos —dijo Bill Stell a Ben Raddle—, será pasar a la orilla derecha saltando sobre esos témpanos, y asà tendremos una labor hecha, porque Fort Macpherson se encuentra en la orilla derecha.
Habiendo pues resuelto la cuestión, levantaron la tienda y se dispusieron al descanso nocturno, siempre impacientemente esperado después de la segunda etapa de la jornada.
Pero apenas se habÃan instalado bajo los árboles cuando Lorique, que se habÃa alejado un poco aguas abajo, reapareció corriendo y lanzando gritos en cuanto se halló al alcance de la voz.
—¡Alerta! ¡Alerta!
Summy Skim, como cazador profesional, se levantó al momento y echó mano de su carabina, dispuesto a abrir fuego.