El Volcán de oro
El Volcán de oro No cabe la menor duda de que los agentes de Fort Macpherson tenían razón en desconfiar, y como era de temer que volvieran a la ofensiva, se mantuvieron en guardia día y noche.
Y menos mal que hicieron guardia, porque cinco días después, el 9 de junio, un nuevo grupo fue avistado dirigiéndose igualmente hacia el fuerte por la orilla derecha del curso del río.
La sorpresa del Explorador fue grande —porque se trataba de su caravana—, cuando vio aparecer en lo alto de la empalizada una docena de agentes listos para servirse de sus armas y dándole orden de alejarse.
Lo cierto es que después de algunas explicaciones, el agente en jefe reconoció que eran canadienses y consintió en entablar conversaciones con ellos. Y se produjo la feliz circunstancia de que Bill Stell y él se conocían desde hacía tiempo, porque ambos habían servido en la milicia del Dominio.
La puerta de Fort Macpherson se abrió al momento, y la caravana penetró en el patio interior donde recibió una buena acogida.