El Volcán de oro
El Volcán de oro El agente en jefe dio entonces una explicación acerca de su actitud cuando habÃa visto acercarse a un grupo de forasteros. Su prudencia, incluso su distancia, quedaban justificadas por lo que habÃa sucedido pocos dÃas antes. Contó que una banda de americanos y de indios se habÃa mostrado hostil contra el fuerte, que habÃa intentado entrar por la fuerza y que habÃa sido necesario repelerlos con las carabinas. ¿Qué buscaban aquellos merodeadores, aquellos bandidos? Quizá aprovisionarse a expensas del fuerte, porque no podÃa admitirse que tuvieran la intención de establecerse allÃ. La CompañÃa de la bahÃa del Hudson no hubiera tardado en desalojarlos.
—¿Y qué ha sido de esa banda? —preguntó el Explorador.
—Después de haber fallado el golpe continuó su camino —respondió el agente en jefe.
—¿En qué dirección?
—En dirección noroeste.
—Pues bien —dijo Ben Raddle—, como nosotros vamos a tomar la dirección norte es probable que no nos encontremos con ellos.
—Asà se lo deseo —respondió el agente en jefe—, porque me pareció que estaba compuesta de un hatajo de la peor especie.
—Pero ¿adónde van de ese modo? —preguntó Summy Skim.