El Volcán de oro
El Volcán de oro No faltaron dificultadas para efectuar ese paso durante la parada del día 16. Afortunadamente, las aguas no iban muy altas, y después de una minuciosa investigación, el Explorador descubrió un vado por donde los animales y los hombres podrían pasar, incluso los vehículos si se tomaba la precaución de descargarlos.
Aquello operación ocupó toda la tarde, y cuando cayó la noche, Bill Stell y sus compañeros ya se encontraban instalados en la otra orilla. Unos enormes macizos de árboles les proporcionaban protección, y si en aquel momento se oyeron algunos disparos, no fue para defender el campamento de los bípedos enemigos, sino contra cuadrúpedos de la familia de los plantígrados. Al verse tan mal acogidos, tres o cuatro osos salieron de estampida sin dejar esta vez una segunda piel para completar la pareja.
A la mañana siguiente, 17 de junio, hacia las tres de la madrugada, a la salida del sol, Bill Stell dio la señal de salida y los tiros se pusieron en marcha a lo largo de la orilla izquierda.