El Volcán de oro
El Volcán de oro —Cálmate, Ben, cálmate —repetĂa Summy Skim—, y espera con paciencia a mañana por la mañana. Si el Golden Mount está allĂ, lo encontrarás en su sitio, y es inĂştil dejar el campamento para estar seguro de ello unas horas antes.
Sabio consejo, que fue apoyado por Bill Stell, ante el cual Ben Raddle y Lorique tuvieron que rendirse. HabĂa todavĂa que tomar ciertas precauciones contra el posible encuentro con los indios, y, ÂżquiĂ©n sabe?, quizá tambiĂ©n con aquella banda de aventureros que se habĂa alejado de Fort Macpherson.
La noche transcurriĂł en aquellas condiciones, y cuando volviĂł a amanecer, las brumas todavĂa no se habĂan disipado y el Golden Mount no hubiera sido visible a dos o tres leguas de allĂ.
No sin cierta apariencia de razĂłn, Summy Skim continuaba diciendo:
—Además, si ese Golden Mount no existe, seguirĂamos sin verlo aunque el tiempo fuera claro.
Aquello indicaba su duda persistente sobre el descubrimiento del francés Jacques Laurier, y quizá Bill Stell no estaba muy lejos de compartir aquella duda.
En cuanto a Ben Raddle, con las facciones contraĂdas, la frente ensombrecida y la inquietud pintada en su rostro, no podĂa contenerse.