El VolcĂĄn de oro
El VolcĂĄn de oro âBueno âdecĂa para sĂâ, si nuestro tĂo Josias hubiera hecho un descubrimiento parecido, es probable que le hubieran bastado unas pocas semanas para recoger millones y millones, y en lugar de morir en Klondike, hubiera vuelto a su tierra a codearse con los millonarios del Nuevo Mundo. El destino no lo ha querido asĂ, y esta oportunidad recae en sus sobrinos, uno de los cuales, al menos, no habrĂa llevado su ambiciĂłn hasta allĂ ni en sueños. En fin, ya que hemos hecho tanto para visitar las orillas del ocĂ©ano Ărtico, intentaremos regresar con el bolsillo bien guarnecido, y por bolsillo quiero decir nuestras carretas y nuestra tartana bien cargadas de oro hasta romperse. Sin embargo, para decir la verdad, he examinado esta montaña por todas sus caras, y aunque me repito que encierra cantidades del precioso metal como para humillar a Australia, California y Ăfrica, no le encuentro el aspecto de caja fuerte.
Pero para eso, y satisfacerlo a Ă©l, habrĂa sido necesario que el Golden Mount se pareciera a las cajas del Banco de Inglaterra o del Banco de AmĂ©rica. TendrĂa que haber un paralelepĂpedo de flancos perpendiculares con una puerta en su cara principal, y si Ben Raddle no conocĂa la combinaciĂłn, ÂżcĂłmo hubiera podido abrirla?