El Volcán de oro
El Volcán de oro —Trabajos… quizás. Desilusiones… nunca.
—Empezando por esa maldita parcela, que sin duda no vale lo que un huerto de berzas o de patatas en Green Valley.
—Entonces Âżpor quĂ© esa compañĂa viene a ofrecernos de entrada varios miles de dĂłlares?
—¡Y cuando pienso, Ben, que hay que ir a buscarlo a un paĂs donde la temperatura desciende a cincuenta grados bajo cero!
—El frĂo es excelente. ¡Conserva!
Y finalmente, despuĂ©s de mil rĂ©plicas, Summy Skim tuvo que darse por vencido. ¡No! No dejarĂa que su primo fuera solo a Klondike. Le acompañarĂa, aunque sĂłlo fuera para hacerle volver lo más rápidamente posible.
AsĂ pues, aquel dĂa, se expidiĂł un telegrama al capitán Healy, director del Anglo-American Transportation and Trading Co., Dawson City, Klondike, anunciando la prĂłxima salida de los messieurs Ben Raddle y Summy Skim.