El Volcán de oro
El Volcán de oro Entonces, le tocó a Summy Skim hacer hincapié en los problemas que acarrearÃa aquel viaje en su vida. Antes de dos meses, tendrÃan que haber dejado Montreal para instalarse en Green Valley a fin de iniciar las partidas de caza y pesca.
—¡Bien! —replicó Ben Raddle—. En las llanuras y en los rÃos de Klondike no falta la caza y la pesca. Pescarás y cazarás en un paÃs nuevo que te reservará algunas sorpresas.
—Pero nuestros granjeros, nuestros buenos granjeros que nos esperan…
—¿Por qué tendrÃan que lamentar nuestra ausencia cuando vamos a volver lo bastante ricos como para construirles otras granjas y comprar todo el distrito? Además, Summy, hasta ahora has sido muy sedentario: hay que ver un poco de mundo.
—¡Eh! —dijo Summy Skim—. Si me viniera en gana, no me faltarÃan zonas para visitar en América y en Europa, y lo que es seguro es que no irÃa a hundirme en lo más recóndito de ese abominable Klondike.
—Te encantará, Summy, cuando hayas constatado por ti mismo que está sembrado de polvo de oro y empedrado de pepitas.
—Bien. Querido Ben —replicó Summy Skim—, me das miedo. SÃ, me das miedo. Quieres embarcarte en un asunto en el que no vas a encontrar más que trabajos y desilusiones.