El Volcán de oro
El Volcán de oro El Explorador, como hombre entendido, tomó medidas para garantizar el avituallamiento de sus compañeros y el forraje de los animales hasta el dÃa en que fuera absolutamente indispensable abandonar el campamento. SerÃa imposible intentar pasar allà el invierno. Por lo tanto, pasara lo que pasara, que la campaña tuviera éxito o no, era necesario irse a mediados del mes de agosto a más tardar. Pasada esa fecha, el camino se harÃa impracticable en aquella región situada por encima del CÃrculo Polar y arrasada por las borrascas y las tormentas de nieve.
—¡Ya tenemos el ejemplo de los dos desgraciados franceses que fueron mortalmente alcanzados en mitad de su camino por los frÃos de noviembre! —hacÃa observar Summy Skim.
Además, aquella estancia iba a transcurrir a la espera, y se necesitarÃa una fuerte dosis de paciencia para soportarla. Sin duda, tendrÃan oportunidad de observar el estado del volcán, y darse cuenta de si la erupción se acentuaba y de si serÃa necesario efectuar otras ascensiones. Ni Ben Raddle, ni el capataz, en particular, retrocederÃan ante la fatiga y seguirÃan dÃa tras dÃa los progresos del fenómeno.