El Volcán de oro
El Volcán de oro Desgraciadamente, durante aquella primera semana no se escapó de la boca del Golden Mount ninguna llama, ningún chorro de materia eruptiva, y únicamente se lo veía rodeado de vapores fuliginosos.
Llegó el primer día de julio. Puede imaginarse fácilmente la impaciencia en que vivían Ben Raddle y sus compañeros. A todos ponía nerviosos, en grados diversos, aquella imposibilidad de intentar algo para modificar la situación. Una vez hecha la instalación, el Explorador y sus hombres no tenían nada que hacer de la mañana a la noche. Así pues, unos pasaban el tiempo pescando en el Rubber Creek, o en la rama principal del delta; otros iban a extender sus redes hasta el litoral, de manera que tenían abundancia de pescado de agua dulce y de mar. Ello no impedía que las jornadas parecieran interminables.
Varias veces Summy Skim propuso a Ben Raddle que le acompañara de caza. Pero el ingeniero siempre se negaba, y el capataz, el Explorador y él se quedaban en el campamento o vagabundeaban al pie de la montaña, conversando, discutiendo, observando, sin poder concluir nada decisivo. Realizaron dos nuevas ascensiones y encontraron las cosas en el mismo estado, volutas de humo, exhalaciones a veces más violentas de vapor, pero nunca una erupción.