El Volcán de oro
El Volcán de oro —¡Decididamente no es muy generoso, este Golden Mount, y se guarda cuidadosamente sus pepitas! —observó Summy Skim.
—Se las arrebataremos por la fuerza, si no quiere darlas de buen grado —respondió Lorique.
En todo caso pudieron constatar que el fenómeno se manifestaba ya con mayor energÃa. Los rugidos interiores recordaban a los de una caldera sometida a cierta presión cuyo acero se estremece bajo la acción del fuego. Se preparaba una erupción, pero quizá transcurrieran semanas, o quizá meses, antes de que las sustancias amasadas en las entrañas del volcán fueran lanzadas al espacio.
Por ello Ben Raddle, después de haber observado el estado actual del cráter, no pensó en interrumpir los trabajos comenzados que debÃan activar el fenómeno o incluso determinar la explosión.
Antes de volver a bajar, los escaladores pasearon la mirada a su alrededor. La comarca y el mar parecÃan desiertos. Por encima de la llanura no se levantaba ningún humo de campamento, y no se dibujaba ninguna vela en el horizonte. Desde ese punto de vista, Ben Raddle y sus compañeros tenÃan razones para pensar que se hallaban en total seguridad. Ni siquiera los propios indios se habÃan dejado ver en el estuario del Mackensie. El secreto del Golden Mount no parecÃa conocerse en Klondike.