El Volcán de oro
El Volcán de oro —Ah, monsieur Skim, monsieur Skim.
—¿Qué sucede, Neluto?
—¡Hay, hay alces!
—¡Alces! —exclamó Summy Skim.
—SĂ, media docena, en un grupo, acabo de verlos.
—¿Lejos?
—A una buena legua de distancia, por allá.
El indio señaló la llanura hacia el oeste del Golden Mount.
Como es bien sabido, uno de los más vivos deseos de aquel cazador empedernido era encontrar alces y abatir una pareja. No habĂa podido satisfacer su deseo desde su llegada a Klondike, y apenas habĂa podido descubrir dos o tres en los alrededores de Dawson City o en el territorio del Forty Miles Creek. Puede juzgarse por ello la capacidad de la noticia que traĂa Neluto para excitar sus instintos cinegĂ©ticos, tanto o más que los de su compañero de caza.
—Vamos —dijo al indio.
Ambos abandonaron el campamento y rodearon durante unos centenares de pasos la base misma del Golden Mount. Se detuvieron y Summy Skim pudo divisar con sus propios ojos la manada de alces que subĂa tranquilamente hacia el noroeste a travĂ©s de la vasta llanura.