El Volcán de oro
El Volcán de oro Por añadidura, la acción de las fuerzas subterráneas tendÃa a acrecentarse cada vez más. Los rugidos internos indicaban su violencia. HabÃa razones para preguntarse si serÃa necesario introducir agua en el cráter.
—Ya veremos —respondió Ben Raddle al Explorador, que acababa de reunirse con él y le habÃa hecho esa observación—. No hay que olvidar que tenemos el tiempo estrictamente contado. Pronto estaremos a mediados de agosto.
—Y serÃa imprudente prolongar más de quince dÃas nuestra estancia en la desembocadura del Mackensie —añadió Bill Stell—. Hay que contar tres semanas para regresar a Klondike, sobre todo si las carretas están muy cargadas.
—¡No dude de que lo estarán, Explorador!
—Y en ese caso, monsieur Raddle, la estación ya estará bastante avanzada cuando la caravana regrese a Dawson City. Si el invierno se presenta precoz tendrÃamos graves problemas para alcanzar Scagway, y ya no llegarÃan a tiempo de coger el paquebote hacia Vancouver.
—Estamos hablando de oro, mi querido Explorador —respondió el ingeniero bromeando—. Ése es el caso cuando uno acampa al pie del Golden Mount. Pero no se preocupe, mucho me extrañarÃa que en ocho dÃas nuestras reatas no hayan reemprendido el camino de regreso a Klondike.