El Volcán de oro
El Volcán de oro —No debà haberlo dejado ir —añadió Ben Raddle.
—No anochecerá antes de las diez —añadió el Explorador—. Y no hay motivo para temer que monsieur Skim se pueda perder. El Golden Mount se divisa de lejos, y en la oscuridad sus llamas pueden servir de guÃa.
La observación era valiosa. Aunque los cazadores se encontraran a tres leguas del campamento hubieran divisado el resplandor del Golden Mount, y no resultaba admisible la hipótesis de que se hubieran podido perder. Pero acaso se habÃa producido un accidente, y quizá se veÃan en la imposibilidad de reanudar su camino. Si no habÃan regresado al caer la noche, ¿qué se podÃa hacer?
Pasaron dos horas y es fácil imaginar el estado en que se encontraba Ben Raddle. No podÃa estarse quieto. El Explorador y sus compañeros no ocultaban su inquietud. El sol se disponÃa a bajar sobre el horizonte y sólo un largo crepúsculo iluminarÃa aquellas altas latitudes del océano Ãrtico. Si Summy Skim y Neluto no regresaban antes de la noche… ¿Y si no regresaban al alba?